
El silencio después de la meditación: cuando dejamos de hacer
Dr. Alexis Lima Suárez
Hay una parte de la meditación que suele resultar mucho más difícil que repetir un mantra, visualizar luz o seguir una respiración.
Es el momento en que dejamos de hacer.
No imaginamos.
No pedimos.
No analizamos.
No buscamos resultados.
Simplemente permanecemos.
Dentro de las enseñanzas de Master Choa Kok Sui, la quietud y el silencio interior ocupan un lugar fundamental en el proceso meditativo. Sus enseñanzas sobre la unión con el Alma Superior describen prácticas destinadas precisamente a favorecer estados de paz, expansión de consciencia y quietud interior.
Estamos acostumbrados a producir
Nuestra vida cotidiana está construida alrededor de la acción.
Responder.
Resolver.
Organizar.
Hablar.
Consumir información.
Incluso cuando comenzamos a meditar podemos trasladar esa misma mentalidad:
«¿Estoy haciéndolo bien?»
«¿Cuánto llevo?»
«¿Cuándo voy a sentir algo?»
La mente continúa trabajando.
Solo ha cambiado de tarea.
El silencio no se fabrica
Aquí encontramos una enseñanza importante.
No podemos obligarnos violentamente a estar en silencio.
La orden:
«¡No pienses!»
ya es otro pensamiento.
La quietud aparece más fácilmente cuando disminuimos progresivamente la necesidad de controlar cada experiencia.
En determinadas prácticas de MCKS se utiliza primero preparación, invocación, activación energética, bendición o mantra.
Después llega un punto donde esas herramientas cumplen su función.
Entonces pueden soltarse.
El espacio entre pensamientos
Podemos imaginar la mente como un cielo.
Los pensamientos son nubes.
Normalmente nuestra atención está tan concentrada en las nubes que olvidamos que existe cielo detrás de ellas.
Durante la meditación comenzamos a observar algo diferente:
hay un pensamiento.
Después otro.
Y quizás, entre ambos, aparece un breve espacio.
No necesitamos atraparlo.
Solo reconocerlo.
A medida que la práctica madura, esos espacios de quietud pueden adquirir mayor importancia que cualquier experiencia espectacular.
No buscar fenómenos
Un error frecuente consiste en valorar una meditación por aquello extraordinario que sentimos.
Luces.
Calor.
Imágenes.
Expansión.
Todo eso puede aparecer o no.
Pero una meditación profunda también puede ser sencillamente:
silencio.
No es ausencia de experiencia.
Es otra forma de experimentar.
Para recordar
Las técnicas nos conducen hasta la puerta. Hay un momento en que debemos dejar de empujar y permitir que aparezca el silencio.
Quizás entonces descubramos que meditar no consiste siempre en hacer algo.
A veces consiste en aprender a estar.