
El diezmo: gratitud, prosperidad y responsabilidad espiritual
Dr. Alexis Lima Suárez
Dentro de las enseñanzas de Master Choa Kok Sui, la generosidad ocupa un lugar fundamental en el desarrollo espiritual. No se trata únicamente de ayudar a los demás, sino de comprender y aplicar conscientemente la Ley del Karma, la gratitud, el servicio y el correcto uso de los recursos que recibimos.
Una de las expresiones prácticas de esta virtud es el diezmo: destinar regularmente una parte de nuestros ingresos —tradicionalmente el 10 %— a aquellas personas, instituciones y causas con las que tenemos una responsabilidad de gratitud o que contribuyen al bienestar y la evolución de otros.
Master Choa Kok Sui relacionaba el diezmo con una idea muy sencilla:
Para cosechar, primero tenemos que sembrar.
Desde esta perspectiva, el dinero no es únicamente algo que recibimos y acumulamos. Es también una forma de energía que puede ponerse en circulación conscientemente para producir bienestar, crecimiento y evolución.
Master Choa expresó esta enseñanza de una forma especialmente clara:
«El alma se desarrolla dando, no acumulando.»
El diezmo, por tanto, no es solamente un acto económico. Puede convertirse en una práctica de gratitud, reconocimiento, desapego y responsabilidad espiritual.
Dar y recibir forman parte de un mismo ciclo
Master Choa Kok Sui utilizaba el ejemplo de la respiración para explicar el principio de dar y recibir.
Para inhalar debemos exhalar. Si únicamente queremos recibir sin permitir que nada salga, interrumpimos el flujo natural.
Con la prosperidad sucede algo semejante.
Cuando compartimos conscientemente una parte de aquello que recibimos, estamos reconociendo que nuestra prosperidad no se ha producido de manera aislada. Muchas personas han contribuido a que hoy podamos vivir, aprender, trabajar y desarrollarnos.
Nuestros padres, nuestros maestros, las instituciones que nos han formado, las personas que nos ayudan y la sociedad de la que formamos parte han participado, de una manera u otra, en nuestro crecimiento.
Por eso, dentro de esta enseñanza, el diezmo no debe contemplarse solamente desde la pregunta:
«¿A quién quiero ayudar?»
Existe otra pregunta anterior y quizá todavía más profunda:
«¿De quién he recibido?»
Y es aquí donde aparece un aspecto especialmente importante del diezmo.
El diezmo como reconocimiento de una deuda de gratitud
No todas las aportaciones tienen exactamente la misma naturaleza.
Existe la generosidad que nace libremente de nuestro deseo de ayudar y existe también aquello que podríamos llamar una responsabilidad de gratitud hacia quienes han contribuido directamente a nuestra existencia y nuestro desarrollo.
Según la forma en que estas enseñanzas se transmiten dentro de la tradición de Sanación Pránica, existe un cierto orden o prioridad en el acto de dar.
En primer lugar están quienes han hecho posible y sostenido nuestro cuerpo físico.
Después, quienes contribuyen al crecimiento de nuestro cuerpo o vida espiritual.
Y posteriormente podemos extender nuestra generosidad hacia otras personas, organizaciones y causas humanitarias.
- El diezmo hacia nuestros padres: honrar el origen de nuestro cuerpo físico
Nuestros padres ocupan un lugar especial.
Independientemente de que nuestra relación con ellos haya sido sencilla o compleja, hay un hecho que permanece: a través de ellos recibimos la posibilidad de disponer de un cuerpo físico, el vehículo que nos permite experimentar esta encarnación, aprender, evolucionar, servir y realizar nuestro propósito.
Nuestros padres proporcionaron las condiciones iniciales para que ese cuerpo pudiera formarse y desarrollarse.
Por ello, una parte de nuestro diezmo puede entenderse como una forma de devolver, agradecer y honrar aquello que hemos recibido de ellos.
No se trata simplemente de hacerles un regalo.
Existe una diferencia importante entre regalar y reconocer una responsabilidad.
Desde esta perspectiva, dar a nuestros padres representa simbólicamente un «pago» o devolución energética de gratitud por haber proporcionado el vehículo físico mediante el cual podemos experimentar esta vida.
Materialmente podemos haber llegado a ser independientes.
Espiritualmente, sin embargo, reconocer nuestras raíces desarrolla gratitud y nos ayuda a comprender que nadie llega a ser quien es únicamente por sí mismo.
Por supuesto, las circunstancias familiares son diferentes para cada persona.
Cuando los padres ya no están físicamente presentes, cuando no existe contacto con ellos o cuando otras personas asumieron realmente la responsabilidad de nuestra crianza, este principio puede expresarse también hacia padres adoptivos, tutores o aquellas personas que desempeñaron una función verdaderamente parental en nuestra vida.
Lo esencial es comprender el principio:
honrar y devolver una parte de lo recibido a quienes hicieron posible o sostuvieron nuestro desarrollo físico.
- El diezmo hacia quienes contribuyen a nuestro desarrollo espiritual
Pero nosotros no somos únicamente un cuerpo físico.
También existe un proceso de crecimiento interior.
A lo largo de nuestra vida encontramos maestros, enseñanzas, escuelas e instituciones que nos ayudan a comprender quiénes somos, desarrollar nuestras virtudes, ampliar nuestra conciencia y avanzar espiritualmente.
Si nuestros padres han contribuido a la formación y mantenimiento de nuestro vehículo físico, nuestros maestros e instituciones espirituales contribuyen al desarrollo de nuestra conciencia y vida espiritual.
Por ello existe también una responsabilidad de apoyar aquellas fuentes de las que recibimos alimento espiritual.
Para un estudiante de Sanación Pránica, esto puede significar contribuir a las instituciones que preservan, organizan y transmiten las enseñanzas que han permitido su propio desarrollo.
No se trata simplemente de «pagar por unas clases».
El principio es mucho más profundo.
Una enseñanza espiritual necesita estructuras que permitan conservarla, transmitirla correctamente, formar instructores, organizar actividades y hacer posible que otras personas puedan acceder a ella.
Cuando contribuimos económicamente a las instituciones que nos han ayudado a crecer espiritualmente, estamos diciendo:
«He recibido algo valioso para mi evolución y deseo contribuir para que esta fuente continúe existiendo y pueda beneficiar también a otros.»
Así se completa un ciclo.
Recibimos enseñanza. La ponemos en práctica. Crecemos gracias a ella. Y contribuimos para que otros puedan recibirla también.
En las enseñanzas de Master Choa Kok Sui, servicio y diezmo están estrechamente relacionados con el desarrollo espiritual.
- Diezmo y agradecimiento hacia quienes facilitan nuestra vida
Después de reconocer a quienes han contribuido directamente a nuestro desarrollo físico y espiritual, podemos ampliar el círculo.
Muchas otras personas hacen posible que nuestra vida funcione.
Personas que trabajan con nosotros, colaboradores, empleados, personas que nos ayudan cotidianamente o aquellos que aparecen en momentos importantes de nuestra vida.
En ocasiones recibimos tanto de determinadas personas que terminamos considerando su ayuda como algo normal.
La práctica consciente de la generosidad nos invita a detenernos y reconocer:
«Esta persona también ha contribuido a que mi vida sea mejor.»
Dar se convierte entonces en una práctica de atención y gratitud.
- Diezmo destinado a causas humanitarias y caritativas
Nuestra responsabilidad no termina en nuestro círculo inmediato.
Podemos destinar también una parte de nuestros recursos a personas que quizá nunca conoceremos personalmente, pero que necesitan ayuda.
Alimentación, educación, asistencia en situaciones de emergencia, atención a personas vulnerables y proyectos destinados a aliviar el sufrimiento son algunas de las expresiones de esta forma de generosidad.
Esta dimensión humanitaria estuvo muy presente en la obra de Master Choa Kok Sui, quien impulsó proyectos dedicados a ayudar a personas necesitadas y consideraba la generosidad y el servicio como aspectos fundamentales del camino espiritual.
Aquí el diezmo adquiere una dimensión universal.
Ya no damos únicamente porque hemos recibido personalmente de alguien.
Damos porque reconocemos que formamos parte de una humanidad compartida.
Un posible orden para comprender el diezmo
Podemos resumir esta enseñanza mediante cuatro círculos de responsabilidad y generosidad:
Primero: nuestros padres o quienes hicieron posible y sostuvieron nuestro desarrollo físico.
Honramos el vehículo físico que hemos recibido.
Segundo: nuestros maestros, enseñanzas e instituciones espirituales.
Honramos aquello que alimenta y desarrolla nuestra vida espiritual.
Tercero: las personas que contribuyen significativamente a nuestra vida.
Reconocemos la ayuda, el servicio y el apoyo que recibimos cotidianamente.
Cuarto: las personas necesitadas y las organizaciones humanitarias.
Extendemos nuestra prosperidad más allá de nuestro entorno inmediato y la convertimos en servicio.
Esta forma de entender el diezmo transforma completamente el significado de dar.
Ya no se trata solamente de desprendernos de una cantidad de dinero.
Se trata de reconocer correctamente las fuentes de las que recibimos y permitir que aquello que llega hasta nosotros continúe circulando.
¿Significa esto que todo el diezmo debe entregarse a un único destino?
No necesariamente.
Una persona puede distribuir la cantidad que destina al diezmo entre diferentes áreas de acuerdo con sus circunstancias, responsabilidades y discernimiento.
Por ejemplo, una parte puede dirigirse a nuestros padres; otra, a la institución o fuente espiritual que contribuye a nuestro desarrollo; otra puede utilizarse para agradecer a quienes nos ayudan; y otra puede destinarse a proyectos caritativos.
Lo importante no es convertir esta práctica en una fórmula matemática rígida.
Lo importante es comprender el principio espiritual que existe detrás de ella.
Antes de preguntarnos dónde queremos donar, podemos preguntarnos:
¿Quién ha contribuido a que yo tenga lo que hoy tengo?
¿Quién ha participado en mi desarrollo físico?
¿Quién ha contribuido a mi crecimiento espiritual?
¿Quién hace mi vida más fácil y me permite dedicar tiempo a aquello que considero importante?
¿Quién necesita una parte de aquello que yo puedo compartir?
Las respuestas pueden ayudarnos a distribuir nuestro diezmo con mayor conciencia.
Más allá del dinero: las cuatro dimensiones de la generosidad
El diezmo, en sentido estricto, se refiere fundamentalmente al ámbito material y económico.
Pero Master Choa Kok Sui enseñó que la virtud de la Generosidad y No Robar debe practicarse en varios niveles.
La generosidad puede ser física, mediante el diezmo, la ayuda y la contribución material; emocional, ofreciendo calidez, apoyo y acompañamiento; mental, compartiendo conocimientos y enseñando; y espiritual, mediante la bendición y otras prácticas de servicio espiritual.
Esto nos recuerda algo fundamental:
siempre tenemos algo que podemos dar.
Podemos ofrecer dinero.
Podemos ofrecer tiempo.
Podemos ofrecer conocimiento.
Podemos ofrecer una palabra de ánimo.
Podemos ofrecer nuestro trabajo.
Podemos ofrecer una bendición.
Podemos ofrecer servicio.
La verdadera generosidad comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente cuánto poseemos y comenzamos a preguntarnos qué podemos hacer con aquello que hemos recibido.
Gratitud antes que obligación
Hablar de un componente «obligatorio» del diezmo puede resultar extraño si entendemos la obligación únicamente como una imposición externa.
Espiritualmente, podemos comprenderlo de otra manera.
No se trata de que alguien nos fuerce a dar.
Se trata de reconocer conscientemente una responsabilidad hacia las fuentes de las que hemos recibido.
La gratitud auténtica no consiste solamente en decir «gracias».
También puede manifestarse devolviendo, sosteniendo y ayudando.
Por eso, el diezmo hacia nuestros padres y hacia las fuentes de nuestro desarrollo espiritual puede entenderse como una forma práctica de expresar esa gratitud.
Nuestros padres ayudaron a proporcionarnos el vehículo físico.
Nuestros maestros y enseñanzas ayudan a despertarnos y desarrollarnos espiritualmente.
Cuando honramos ambas fuentes estamos reconociendo dos dimensiones fundamentales de nuestra existencia:
el vehículo mediante el que vivimos y la conciencia mediante la que evolucionamos.
Dar con inteligencia y discernimiento
La generosidad tampoco significa dar de manera irresponsable.
Tenemos el deber de utilizar discernimiento y observar hacia dónde se dirige aquello que compartimos.
Cuando apoyamos una institución, una organización o un proyecto, es razonable interesarnos por cómo se utilizan los recursos y cuál es el trabajo que realizan.
La generosidad consciente no es ingenua.
El corazón da, pero la mente discierne.
De esta forma, nuestra contribución puede convertirse realmente en un instrumento para producir bienestar.
Sembrar conscientemente
El diezmo nos invita finalmente a transformar nuestra relación con la prosperidad.
Prosperidad no es únicamente cuánto conseguimos recibir.
También es cuánto bien somos capaces de generar con aquello que hemos recibido.
Cuando damos a nuestros padres, honramos nuestro origen físico.
Cuando apoyamos a nuestros maestros y fuentes espirituales, honramos nuestro crecimiento interior.
Cuando reconocemos a quienes facilitan nuestra vida, cultivamos gratitud.
Cuando ayudamos a quien lo necesita, extendemos nuestra prosperidad hacia la humanidad.
Y cuando hacemos todo ello conscientemente, el dinero deja de ser únicamente algo que poseemos y se convierte en un instrumento de evolución y servicio.
Quizá entonces la pregunta más importante sobre el diezmo no sea:
«¿Cuánto tengo que dar?»
Sino:
«¿De quién he recibido, y cómo puedo devolver conscientemente una parte de todo lo que la vida me ha dado?»
Dar se convierte así en reconocimiento.
El reconocimiento se transforma en gratitud.
La gratitud se expresa mediante el servicio.
Y el servicio contribuye al desarrollo del alma.
Que aquello que recibimos pueda circular a través de nosotros para producir bienestar, prosperidad, crecimiento y evolución en muchos seres.
Así sea.